Tyson vuelve para salvarnos

In Boxeo, Noticias by Alfredo DuroLeave a Comment

Lo voy a decir rápido para no caer en esa nebulosa periodística que tan poco me gusta: Mike Tyson está a la altura de los mejores pesos pesados de la historia del boxeo. Tyson encarnó durante su época la mejor mística del boxeo de siempre. Tyson ha tenido la pegada más poderosa y destructora que se ha visto en un ring. Tyson representa lo mejor y lo peor de este deporte. Un ídolo caído que, durante un largo período de tiempo levantó una leyenda que haría las delicias de aquel cine de Hollywood que tantas obras maestras ha dejado para mayor gloria y miseria del boxeo. Ahora se anuncia su posible vuelta a los cuadriláteros para hacer una serie de peleas por causas benéficas. Es la mejor noticia que este boxeo de “Excel” y “Power Point” podía recibir. ¡Tyson viene a salvarnos!

La década de los 80 acabó siendo la “era de la resurrección” gracias a él. Se convirtió en el pugilista más joven en coronarse campeón de los pesos pesados. ¿Te imaginas ser el boxeador más temido y respetado del planeta con apenas 20 años, 4 meses y 22 días? Ahí emerge para la posteridad la imagen de un Mike Tyson que, de la mano de Cus D´Amato, el entrenador que la historia le había reservado resquebrajó las más que oxidadas estructuras del peso pesado. Una categoría que había dejado de tener interés por la explosividad y riqueza visual que, en aquella época, habían establecido superclases como Sugar Ray Leonard, Marvin Hagler, Thomas Hearns o Roberto “Mano de piedra” Durán. Veníamos de aquel inolvidable combate en el año 81 entre Salvador Sánchez y Wilfredo Gómez… tiempos en los que, a duras penas, el boxeo español se mantenía en pie gracias a gente como Roberto Castañón, el maestro Luis de la Sagra y el siempre olvidado Alfonso Redondo. Grandes de la época que nos mantenían atentos aquí mientras que, allí, el “huracán” Tyson se llevaba todo por delante.

Fueron años de ensueño. Tiempos en los que el boxeo volvió a dignificar la categoría del “mito”. Y Tyson se propuso derribar también, a base de directos de derecha y golpes que eran misiles de último diseño, todas las barreras de esa gente insulsa y vacía que había ocupado el tiempo anterior al suyo. Aquel boxeo sospechoso de los pesados antes de su irrupción, con “campeones” tan inexpresivos e insustanciales como Mike Weaver, Gerry Coetzer, Pinklon Thomas, Tony Tubbs o Trevor Berbick, fue barrido del mapa sin que aún sepamos de donde salió esa fuerza sobrenatural que nos devolvió el boxeo en blanco y negro que tanto habíamos  idealizado, y echábamos de menos.

Nos dicen que Mike Tyson va a volver a subirse a un ring y, antes incluso de ver las primeras imágenes de su entrenamiento, mi cuerpo de boxeador frustrado se electrifica imaginando lo que nos espera. Los años 90, envueltos en esa atmósfera negra de callejón humeante y maloliente en los que Tyson acabó por autodestruirse, son el punto de partida de estos momentos de confinamiento y restricciones en los que “Acero Mike” viene a rescatarnos y a devolver eso que el boxeo nunca puede perder: ¡la revancha!

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