Un regreso “Maravilloso”

In Boxeo, Noticias by Alfredo DuroLeave a Comment

Robert de Niro, protagonista de la que posiblemente es la mejor caracterización cinematográfica en la historia del boxeo gracias a su papel de Jake La Motta para la película “Toro Salvaje”, dirigida por el maestro Martin Scorsese, consiguió engordar 31 kg para que, al final de la cinta, un La Motta en caída libre se presentara ante las cámaras como la antítesis de un campeón del mundo que causó sensación y se convirtió en un mito del boxeo en blanco y negro. De Niro comenzó el rodaje con 66 Kg y, dadas las exigencias del guión y del personaje, decidió que lo más conveniente era marcharse durante un tiempo a vivir a Francia e Italia y dedicarse exclusivamente a probar las excelencias de una gastronomía que le permitió acabar la filmación con 97 kg y una barriga que, sencillamente, convirtió su interpretación del mítico Jake La Motta en un inimitable abrazo a la esencia de un cine que ya no volverá jamás.

Sergio “Maravilla” Martínez, que a sus 45 años ha tomado la extraordinaria decisión de volver a ser boxeador en activo, engordó 23 kg para, en sentido inverso a De Niro, representar el papel de “Claudio”, un ladrón que forma parte de un curioso clan de atracadores cuyo objetivo es robar a los ricachones y entregar parte de su botín a la gente con mayores necesidades. La película, en la que “Maravilla” demuestra unas notables condiciones para cumplir con creces en su papel de “ladrón bueno”, se tituló “Pistolero” y fue definida por su director, Nicolás Galvagno, como “una ficción que sirve de ensayo sobre la violencia”. Sergio Martínez, a diferencia de Robert de Niro, es un gran boxeador reconvertido puntualmente a actor para demostrar que, desde el noble arte, se puede aparecer ante el gran público como mucho más que un “simple” excampeón mundial del peso medio y superwelter. Y habrá que reconocérselo tantas veces como sea necesario.

En el punto álgido de su carrera, “Maravilla” Martínez llegó a ser considerado, después de Manny Pacquiao y Floyd Mayweather, como el tercer mejor boxeador “libra por libra” del momento. Aquel pico de gloria y el paso del tiempo no han transformado el indomable espíritu de aquel chaval nacido en el barrio de Quilmes, en Buenos Aires, que sigue pensando que el gimnasio es la única medicina capaz de convertirte en la mayor amenaza para los que se consideran intocables sobre el ring. Tinín Rodríguez, preparador de Sergio, me confiesa estos días que los entrenamientos se han convertido en un homenaje permanente al buen rollo. “Nos reímos más que nunca” me dice Tinín, insistiendo en el peculiar sentido del humor que “Maravilla” rescata cada día para demostrar en el gimnasio que, gente como él, será boxeador hasta el último día. En su retorno a los cuadriláteros, Sergio se quiere volver a ver las caras en el ring con esa misma gente importante con la que destrozó obstáculos y barreras. Tiene en el punto de mira de sus guantes a Julio César Chávez Jr. Mientras le responden, sigue entrenando, disfrutando y riéndose junto a Tinín. Y eso es “maravilloso”.

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